Llevo doce años haciendo que la madera se acuerde de la gente
Trabajo la madera desde un taller pequeño. Empecé por accidente, torneando un bolígrafo para mi padre con un trozo de nogal que sobró de una estantería.
Todavía lo usa. Y esa es exactamente la idea: hacer objetos que se queden, en un mundo que fabrica cosas para tirar.
12
Años en el oficio
4.200
Piezas grabadas
3
Maderas nobles
1
Par de manos
Cuatro pasos, ningún atajo
No hay una máquina que haga esto de golpe. Cada pieza pasa por las mismas cuatro manos —las mías, dos veces— antes de salir del taller.
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1
Elegir la madera
Compro tablones enteros, no listones cortados. Así puedo ver la veta antes de decidir qué parte se convierte en qué.
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2
Tornear
Al torno, a mano. Es la parte que más tiempo lleva y la que decide si la pieza se siente bien en la mano o no.
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3
Grabar
Láser a baja potencia sobre la veta. No es tinta ni pegatina: es la propia madera quemada, así que no se borra con el uso.
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4
Acabar y revisar
Aceite natural, dos capas, y una revisión final con la pieza en la mano. Si algo no me convence, no sale.
Tres cosas que no negocio
Madera con origen
Solo compro a proveedores europeos con certificación de gestión sostenible. Sé de qué bosque sale cada tablón.
El tiempo que haga falta
Prefiero decirte que tardo cinco días a entregarte en dos algo que no me gusta. Los plazos que ves en la web son reales.
Ninguna pieza igual
La veta manda. Habrá variaciones de tono y algún nudo: eso no es un defecto, es la prueba de que era un árbol.
El taller está abierto
Si estás cerca y te apetece ver cómo se hace, escríbeme y quedamos. Puedes recoger tu pedido aquí y llevártelo recién hecho, que huele distinto.
Horario: Lunes a viernes, 8:00–17:00